“Hay gente que dice, en tono jocoso, que el Nobel en Ciencias Económicas es el único premio que se le puede dar a una persona un año y, al año siguiente, a una que opina lo contrario. Esto demuestra lo paradigmático que es la economía que no es una ciencia exacta porque tiene mucho de ideología”, reflexionó el economista Daniel Kostzer en una conversación telefónica con LA GACETA, a propósito de la designación del máximo galardón otorgado por la Academia Sueca de las Ciencias, .

Nobel de Economía: premian a tres expertos en economía experimental

El Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel fue para el trío de expertos en economía experimental integrado por el canadiense David Card (Guelph, 65 años), el estadounidense-israelí Joshua Angrist (Columbus, Ohio, 61 años) y el neerlandés-estadounidense Guido Imbens (Países Bajos, 58 años).

“El Nobel de Economía que más me llama la atención es el de David Card quien estudió sobre el salario mínimo aplicado a la industria del fast food en New Jersey y encontraron que éste no afectaba el empleo. En aquel momento, si mal no recuerdo, la hora de cada trabajador había subido de 3,5 a 5 dólares”, explicó Kotzer. “Es también un reconocimiento póstumo para Alan Krueger, quien realizó ese estudio con Card”, agregó.

“Es una buena noticia este Nobel porque muy raramente se da a economistas heterodoxos como en este caso”, opinó.

Para aquellos que piensan algunas políticas vinculadas, Kostzer recomendó leer el libro “The new economics of minimum wage: Measurement and myths”. “Creo que sería de mucha utilidad”, propuso.

Kostzer explicó a LA GACETA que los premiados también estudiaron el impacto de la inmigración en los salarios. “Cuando vienen migrantes no hay evidencia de que el salario baja. En un mundo cada vez más racista y liberal que piensa que el Estado incide mal el salario mínimo es un mensaje que le hayan otorgado este reconocimiento. Junto con el impuesto a la riqueza, el salario mínimo protege y genera un piso sólido a los ingresos de la población”, concluyó.

Ana María Cerro, profesora titular de Econometría e investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNT, mencionó a David Card y a Joshua Angrist como referentes en sus especialidades: “son referentes obligados. Card es referente en las estimaciones que se hacen en econometría”, dijo.

“ En el caso de Angrist cuando intenta determinar la rentabilidad de la educación. El problema es la endogeneidad en la educación por ello buscan variables que se denominan instrumentos que permiten identificar correctamente el efecto de la educación en los salarios. Por ejemplo Angrist y Krueger utilizan como instrumento la escolarización hasta los 16 años, con la idea de que aquellas personas que cumplen en el primer trimestre podrían tener una mayor educación que aquellos que cumplen posteriormente. Ese trabajo lo hicieron Angrist y Krueger. Otro trabajo conocido es que utilizan como instrumento cómo influye ser veterano de Vietnam en los salarios. Esos son trabajos muy citados en los textos de variables instrumentales. En cualquier libro vas a encontrar referencias a estos dos autores”, expresó Cerro.

El jurado reconoce a Card por sus “contribuciones empíricas en el campo de la economía del trabajo”, especialmente sobre los efectos del salario mínimo, y a Angrist y a Imbens por sus “contribuciones metodológicas en el análisis de las relaciones causales”.

Historia del premio

El galardón fue creado por el Banco de Suecia hace más de 60 años después de los otros cinco de medicina, física, química, literatura y paz, en Memoria de Alfred Nobel, quien habría incorporado esta disciplina cuando constituyó el premio. Solamente dos mujeres, entre los 86 ganadores del premio, lo obtuvieron: la estadounidense Elinor Ostrom, en 2009, y la francesa Esther Duflo, 10 años después.